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Consultorio empresarial
Las dificultades que la Junta Directiva podría llegar a enfrentar para obtener información crítica acerca del negocio y la organización representan uno de los grandes retos para la implementación del buen gobierno corporativo.
Es de esperar que la administración sepa más acerca de la compañía que cualquiera de sus directores, accionistas o reguladores, razón por la que parte de la misión de la Junta Directiva, consiste en cerrar esta brecha. Sin embargo, no se debe perder de vista que no se trata de saber todo aquello que la administración sabe, sino más bien de enfocarse en aquella información que es realmente importante.
Las Juntas Directivas de las empresas reciben periódicamente información abundante en la forma de reportes financieros y otros documentos usualmente relacionados con la estrategia del negocio y la administración de riesgos. Durante la última década, El flujo de información que los directores deben revisar ha crecido de manera exponencial, especialmente a partir del acta Sarbanes-Oxly en el 2002. Pero estos flujos crecientes no solo pueden terminar inundando de información a los Directores, sino que también pueden generar confusión y desviar la atención de aquellos puntos que son especialmente críticos para entender las realidades que podría estar enfrentando el negocio y la organización.
Uno de los principales retos de las juntas directivas consiste en evitar ahogarse en estos altos volúmenes de información, lo cual significa que los directores deben ser capaces de seleccionar aquella que realmente requieren, al igual que conseguir aquella información crítica que la administración no les está suministrando de manera rutinaria y periódica. Una de las principales maneras en que los directores pueden mantener el control sobre la información que reciben es estableciendo la agenda para las sesiones de la junta directiva. En las palabras de algunos directores, las sesiones de las juntas directivas son primordialmente para hablar de las malas noticias, discutir acerca de las preguntas más difíciles y cómo resolver los problemas más complejos que enfrenta el negocio. Cuando es la administración quien establece la agenda, sesiones enteras podrían dedicarse a presentaciones que cubren solo aquellos temas que se quieren compartir, pasando por alto los que realmente requieren de discusión. Más que un monólogo dirigido por la administración, los directores deberían procurar generar un diálogo que permita apalancar todo su potencial de contribución al direccionamiento del negocio.
Los directores también pueden ejercer control sobre la información que adquieren realizando investigaciones de primera mano, teniendo una exposición directa con el negocio. Algunas compañías han comenzado a requerir que sus directores hagan visitas sorpresa a sus fábricas y almacenes, con el objeto de observar por sí mismos lo que esta sucediendo en el día a día y hacer las preguntas que consideren relevantes. Incluso algunos de ellos llegan a tener conversaciones con clientes, procurando obtener retroalimentación en cuanto a la calidad de sus experiencias de compra, identificando aquellas cosas que funcionan bien y las que tienen espacio para mejorar. Otra de las áreas que han recibido una mayor atención por parte de los directores corresponde a la administración de riesgos. En sus visitas a las operaciones locales e incluso a las localizadas en el exterior, los directores procuran entender cuáles podrían ser los peores eventos que podrían acontecer al negocio y cómo podrían mitigarse los riesgos de que estos acontezcan. Y por su puesto, estos temas deben ser parte de las conversaciones que se realizan al nivel de las sesiones de la Junta Directiva.
En adición a realizar actividades independientes de búsqueda de información, la junta directiva debería mantener un ojo crítico frente a la información que reciben de la administración. Si bien es necesario confiar, también es muy importante verificar. No obstante, es importante procurar un equilibrio en la realización de estas actividades, dado que el mantenimiento de buenas relaciones con la administración es crucial para el manejo del negocio. En otras palabras, partiendo de la buena fe en la comunicación, la Junta debe más bien permanecer alerta en cuanto a inconsistencias o discontinuidades que pudieran presentarse en el flujo de información que reciben, procurando ahondar en aquellos temas que podrían generar dudas o preguntas. En este sentido, constituir una junta directiva con expertos en disciplinas claves tales como finanzas, riesgos, compensación y gestión del talento, se vuelve esencial para lograr un buen entendimiento de la información que se recibe de la administración, al igual que para detectar aquellos temas que requieren de profundización.
Finalmente, además de la independencia para obtener información y la experticia para poder entenderla, los directores deberían mantener una actitud de curiosidad y valentía, la que permite no solo identificar las preguntas críticas, sino que también debe poder formularlas a la administración. Desafortunadamente, las Juntas directivas asumieron un rol importante en algunos de los grandes escándalos corporativos de la primera década del siglo veintiuno, pues podría argumentarse que tenían frente a ellos toda la información que requerían para detectar las anomalías que estaban sucediendo en las compañías, pero carecieron del coraje para hacer las preguntas y los cuestionamientos indicados. El balance entre curiosidad y valentía sugiere no solo que la Junta debe contar con la habilidad de obtener la información que requiere para entender las realidades del negocio y la organización, sino que también debe contar con los dientes para actuar de la manera adecuada con base en esta información.
Fuente: Rafael Ortega Ryberg La República
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