¿Cómo funcionan las inversiones asiáticas en la región?

Más de una región en el mundo apostó en el siglo XIX por proyectos de infraestructura nunca antes vistos por su envergadura. América Latina no fue la excepción. En 1878, uno de los primeros años del boom del caucho amazónico, Brasil inició la construcción del ferrocarril Madeira Mamoré, una línea férrea en medio de la selva que buscaba conectar la frontera de Bolivia y Porto Velho.

 Casi cien años después, el inconcluso ‘ferrocarril del diablo’ –denominado así por la gran cantidad de trabajadores que fallecieron durante sus obras– fue cancelado. En 2015, sin embargo, la apuesta por domar la selva sudamericana se volvió a poner en agenda: los gobiernos del Perú, Brasil y China anunciaron su intención de construir un tren bioceánico que conecte el atlántico brasileño con el pacífico peruano. La apuesta china es solo la punta de un iceberg que ejemplifica la importante llegada de inversiones asiáticas en la última década a América Latina.

 Tal y como registra la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la inversión extranjera directa (IED) en la región pasó de alrededor de US$ 40.000 millones en 2003 a US$189.051 millones al cierre de 2014. Uno de los grandes protagonistas de estas inversiones foráneas fueron las firmas asiáticas. Si bien a principios del milenio se podía ver una gran presencia de firmas japonesas, hoy en la región operan empresas de China, Singapur, Corea del Sur, India, entre otros países. Para la muestra, un botón. Según el International Enterprise (IE) Singapore, la agencia gubernamental responsable de la economía exterior de Singapur, la IED de ese país en América Latina y el Caribe –concentrada en los sectores salud, manufactura, aeroportuaria, petróleo y gas– pasó de US$ 1.753 millones de 2004 a US$5.989 millones en 2013.

Impulso oriental: mientras que las economías europeas y Estados Unidos sufrieron fuertes debacles económicos y financieros a partir de 2008, los capitales asiáticos siguieron llegando a la región. Cada país, sin embargo, tuvo una dinámica particular. En México, por ejemplo, Japón se sitúa hoy como el país asiático con mayores inversiones en ese mercado. “De 2000 hasta 2009, la inversión japonesa en México ascendió a US$ 1.500 millones. A partir de ese año ha crecido 335%”, dice Mario Fernández, socio de KPMG en México.

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 La relación mexicano japonesa se dinamizó desde 2004 con el Acuerdo para el Fortalecimiento de la Asociación Económica (AFAE), el que constituyó el primer pacto de México con un país asiático y el primero de Japón con un país no asiático. Según los especialistas, desde 2010, la IED japonesa se ha centrado en la industria automotriz. Actualmente firmas como Mazda, Honda y Nissan construyen nuevos complejos de automotores, con una inversión conjunta estimada en US$3.300 millones y un volumen de producción de 515.000 vehículos. De acuerdo con Melba Falck Reyes, catedrática de la Universidad de Guadalajara y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, además de una relevante economía doméstica, la cercanía con los Estados Unidos y otros países latinoamericanos ha jugado un papel vital en el arribo de firmas japonesas al gigante latinoamericano.

 En Colombia Japón también está a la delantera. “El acumulado de la inversión extranjera asiática en el periodo 2000-2014 alcanzó los US$649 millones. El principal inversionista asiático fue Japón con US$ 298 millones, seguido por Corea del Sur con US$ 158 millones”, dice Camilo Pérez, profesor del Centro de Estudios Asia Pacífico de la Universidad Eafit. De acuerdo con el catedrático, el arribo de capitales asiáticos ha crecido de forma intensa en este periodo. Mientras que en 2000 la inversión extranjera proveniente de Asia bordeó los US$ 9 millones, en 2014 fue de US$ 107,9 millones. “El más dinámico siempre ha sido Japón quien se ha mantenido en el primer puesto en la mayoría de los años. Las inversiones de Corea del Sur han tenido más fluctuaciones. Las inversiones de China, Australia, Singapur y Hong Kong eran muy bajas hasta 2010, momento a partir del cual despegaron”, dice Pérez.

 A nivel de rubros existen algunas diferencias. Las inversiones de las empresas japonesas y coreanas en Colombia están más diversificadas, con participación en sectores primarios, manufactura, bienes raíces, e incluso telecomunicaciones. Por otro lado, las inversiones de China se han centrado en las actividades extractivas. “Vale la pena mencionar que la inversión en actividades de manufactura ha tenido un mayor crecimiento en los últimos años con la llegada de empresas de China e India”, indica Pérez.

 El dragón rojo: la creciente relevancia de China en el caso colombiano es totalmente extrapolable a muchos países de América Latina. De hecho, en el último quinquenio, las inversiones chinas han agarrado un enorme protagonismo. “En los últimos cinco años, la inversión directa china en América Latina ha sido de un nivel estimado de US$ 9.000 a US$ 10.000 millones anuales”, calcula Roberto Cores, socio de EY en el Perú.

 En gran parte estas inversiones se concentraron hasta ahora en una lógica extractiva, en commodities para ser enviados a China. “En la región, muchas de las inversiones directas de Beijing están relacionadas con la minería y los recursos naturales”, dice Paolo Giordano, economista senior de Comercio e Integración del BID. Desde Buenos Aires, Dante Sicca, director de la consultora Abeceb, lo confirma: “Claramente China tiene una estrategia de inserción muy fuerte para garantizarse la provisión de insumos que necesita”. En el caso de Argentina –agrega– “han sido tres sectores: minerales, el hierro; alimentario: la soja, y energía, en la explotación de petróleo y gas”.

 Más variada es la presencia en el gigante sudamericano, Brasil. Allí a las empresas chinas también les interesa su inmenso mercado de consumo interno. Por eso están en tecnología (Huawei, Foxconn, etc.), energía (Astroenergy, State Grid, Sinopec), equipamiento (Zoomliong, Liugong, Xuzhou Construction Machinery Group), telecomunicaciones (China Telecom), automotor (Changan International Corporation, Shiyan Yunlihong Industrial and Trade, Effa Motors -representante de Effa y Lifan-, Shaanxi Automobile Group, etc), y financiero (ICBC). Además existe presencia en minería y agricultura.

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 Señal de lo anterior es que, de acuerdo con The China Global Investment Tracker – desarrollado por el American Enterprise Institute y The Heritage Foundation– las inversiones y los contratos chinos efectuados en Brasil entre 2005 y el primer semestre de 2014 alcanzaron los US$ 31.400 millones. Tanto este reporte como los datos publicados por el Consejo Empresarial Brasil-China (CEBC) muestran que la cúspide de las inversiones chinas en ese país se alcanzó en 2010. La CEBC especifica que ese año el número de proyectos inversión anunciados fueron 21, una cifra tres veces mayor que la registrada en el periodo 2007-2009.

 En la misma línea que Brasil, está el Perú. A diferencia de su vecino, los flujos provenientes del gigante asiático están bastante concentrados en el sector minero (específicamente en la producción de cobre). “En este rubro se concentra la principal inversión china del país que asciende aproximadamente a US$22.659 millones, lo que representa el 36 % de todo lo invertido en el sector actualmente. La inversión minera china está concentrada en ocho empresas: Shougang, MMG, Zijin Mining Group, Shouxin Perú, Jhinzao Mining, Jiangxi Copper y Junefield Group”, dice José Tam, presidente de la Cámara de Comercio Peruano China. Como en Colombia, las inversiones de este país han llegado a nuevos sectores. La adquisición de la gigante pesquera Copeinca por parte de China Fishery Group y el arribo del banco ICBC al Perú son una prueba de ello.

 Venezuela también es una evidencia del avance chino. La empresa petrolera China Sinopec acordó invertir US$14.000 millones en un proyecto de la faja petrolífera del Orinoco. “A la fecha, Venezuela ha recibido préstamos e inversiones chinas por más de US$ 70.000 millones”, detalla Roberto Cores, de EY.

 La hora de la verdad: pese a todo lo anterior, el pronóstico sobre la dinámica de las inversiones asiáticas es reservado. En general la perspectiva es que la inversión extranjera directa en la región registraría una baja al menos en los siguientes dos años. De acuerdo con Giovanni Stumpo, jefe de la Unidad de Inversiones y Estrategias Empresariales de la Cepal, se espera una contracción de la IED en América Latina y el Caribe como consecuencia de la caída de los precios de los commodities y la desaceleración de China. “Hay un contexto internacional bastante complejo para 2015 y 2016 viene del mismo lado”, dice Stumpo.

 En algunos países las inversiones asiáticas se están enfriando. En Brasil el arribo de capitales chinos se ha contraído desde 2010, y nada hace pensar que esa situación cambie en el corto plazo. Los especialistas consideran que en América Latina las inversiones más afectadas por este enfriamiento serían las asociadas a actividades extractivas.

 Si bien se puede hablar de un enfriamiento, también es válido destacar una mayor diversificación de los sectores hacia donde se dirige la inversión. Como sucede con los capitales chinos en Colombia y el Perú, en México la presencia japonesa ya trasciende el sector automotor. Según el embajador de Japón en México, Akira Yamada, las reformas en el sector energético han despertado el interés y la atención de las empresas japonesas. Desde el lado chino, también hay novedades: la firma Rysen Energy invertirá en los próximos tres años más de US$ 800 millones en el desarrollo de proyectos solares. Asimismo, cuatro grandes empresas chinas han anunciado sus intenciones de entrar a México: el ICBC, el banco más grande de China y del mundo; Sinohydro Group, la constructora de represas hidroeléctricas; Honghua Group, el fabricante y proveedor de equipos de perforación para pozos de exploración, y Xinxing Ductile Iron Pipes, fabricante de tuberías de acero para transportar agua. Los capitales coreanos también estarían interesados en aprovechar la misma ola energética.

 En Brasil, según fuentes del sector privado brasileño, los escándalos en los que se han visto involucradas las constructoras de ese país pueden abrir el espacio a las firmas chinas en ese sector (especialmente para las obras públicas). Por otra parte, capitales chinos construirán dos centrales nucleares para generar electricidad en Argentina, lo cual es un avance en un sector hasta ahora inexplorado. En mercados más pequeños, como el colombiano y el peruano, si bien se sentirá una pegada a causa de la coyuntura internacional, existe un fuerte potencial para las inversiones asiáticas. Según Camilo Pérez, sectores como la infraestructura, la agricultura y los servicios financieros tienen espacio para desarrollarse en Colombia. En el Perú existe interés de firmas indias de invertir en el rubro energético.

América Latina también tiene potencial para recibir capital de países que tal vez antes no resaltaban tanto. Singapur es un buen ejemplo. “De cara al futuro, se espera que las inversiones de Singapur en infraestructura, manufactura, petróleo y gas sigan creciendo”, dice Natalie Choo, group director de IE Singapore para las Américas.

 Así, aunque la coyuntura no es la idónea, todo indica que aún hay espacio para que la presencia de inversiones asiáticas en la región obtenga relevancia. De todas formas, apostar todas las cartas a ella sería una ingenuidad. Giordano, del BID, lo señala: “Estamos teniendo déficits de cuenta corriente. Es señal de desequilibrio. Y es claro que está faltando ahorro en la región”. En pedir no hay engaño, pero pedirlo todo puede ser demasiado.

 

Fuente: América Economía

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