Ética y empresa, ¿mundos opuestos?

Hablar de la ética empresarial implica abordar una serie de aspectos un tanto abstractos que nos remiten a conceptos como valores, normas y principios que las personas, y luego las empresas, adoptan, con el objetivo de lograr mantenerse vivas, vigentes y productivas, en condiciones difíciles, pero con el fin último de evitar a toda costa vulnerar los derechos que se comparten en un contexto social determinado. 

¿Existe eso que llaman “ética” en la empresa? 

Ética y empresa parecen regularmente términos contrapuestos, como si llevar adelante una empresa implicara arrumbar necesariamente toda suerte de virtudes; sin embargo, diversas experiencias muestran que las empresas que sobreviven y logran mejores resultados son precisamente aquellas que también han incorporado en su quehacer cotidiano un conjunto de valores morales; valores que componen un nuevo modo de entender la empresa, una nueva cultura empresarial.

En este tenor, la ética es un tema de especial importancia y constituye un aspecto fundamental. Cada día en nuestra vida personal o profesional enfrentamos situaciones en las que elegimos proceder de manera correcta o no, y lo hacemos basándonos en rasgos de integridad lo mismo que por influencia de los demás, pero hay una “regla de oro” que nos ayudará a comportarnos con ética: “Haz a otros lo que quieras para ti”, o dicho de otra forma: “No hagas a los demás lo que no quieras que ellos te hagan”.

La ética en la empresa no debe ser vista como un conjunto de limitaciones a las que hay que someter la conducta.

Ciertamente, las normas facilitan la orientación del comportamiento y permiten elecciones acertadas en diversas situaciones. Sin embargo, funcionan más como el acotamiento de las carreteras, es decir, señalan una zona de tránsito seguro, facilitan una conducción adecuada del vehículo, aseguran un camino transitable para llegar al destino elegido. Finalmente, la elección corresponde a cada uno.

Una “ética de la empresa”, más allá de los códigos de conducta y de las normas específicas para cada organización, es el reflejo fiel del comportamiento humano de cada una de las personas que la integran. Es gracias a la ética que la persona se puede plantear decisiones acertadas o no, tanto en el ámbito personal como en el profesional. 

Comportamientos éticos 

Aun así, el tema de la ética va más allá. Se empieza con un comportamiento ético en el hogar, luego en la sociedad, en el trabajo, en la empresa. No hay vacíos. Mostrar un comportamiento ético no es fácil.

En la empresa, que se mueve en un mundo de competencia, no hay siempre tiempo para decidir correctamente, no hay tiempo suficiente y el resultado, como telón de fondo, puede hacer que se distorsionen los hechos para justificar decisiones no justificables. Esta presión llega a todos y puede ser como llevar una doble vida, una esquizofrenia empresarial.

El tema ético es más fácil reconocerlo a nivel personal, porque en el colectivo en la empresa puede pasar que no hay un responsable directo, de hecho es muy frecuente pensar que otro tiene la responsabilidad de la decisión tomada, eso es una forma de conseguir una tranquilidad aparente, porque saber que algo no está bien debería de ser suficiente para evitarlo. 

La anestesia ética

Cuando se vive en este proceso es muy difícil que pueda hacer una revisión crítica del camino y la tendencia es a repetirlo, aunque no sea correcto. La formación ética no es un tema de tomar cursos sobre el tema. La ética es aprendida: en la familia, en el día a día, casi sin entrar en explicaciones. La ética se vive, se practica. La forma en que vivimos dice mucho de nuestra formación.

Hay un largo camino antes de enfrentarnos al momento de elegir una opción y considerar que estamos ante una situación en que vemos lo correcto frente a alternativas deshonestas o por lo menos inconvenientes; el momento en que tenemos que buscar decidir, un momento en el que no hay anonimato, porque la decisión es algo personal, una elección que nos retrata de cuerpo entero; lo que sigue es pasar a la acción, una etapa que es la prueba del ácido de la decisión, porque se enfrenta a los demás.

Por la decisión elijo, por la acción paso a depender de otros. En la medida que la decisión es adoptada por los demás en ese grado cumple con el contenido ético requerido. Se requiere confianza en los demás y fortaleza para impulsarlos.

El proceso no es sencillo y todo empieza en la casa, ahí vivimos en corto las virtudes, que no son otra cosa que los valores andando. El mensaje perverso que en ocasiones se envía es el de ‘haz lo que te digo, pero no hagas lo que yo hago’. No podemos esperar que la escuela haga lo que cada uno tiene que hacer en su familia. Decir una cosa y hacer otra es preparar el terreno para la corrupción, aunque ahora le digamos “transa”. 

Fuente: Mundo Ejecutivo (México) – Por Ernesto Leonardo Uranga / Luis Alfredo Santana

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