
El negocio de la tecnología financiera (fintech) está disparado. No solo crece a una tasa promedio del 40 % en Latinoamérica, sino que cada vez son más los recursos privados destinados a estos emprendimientos. En 2017 este nuevo sector de la economía acaparó recursos por 31.000 millones de dólares en el mundo, de los cuales 711 negocios del continente americano recibieron 19.800 millones de dólares (63,9 %), señala un reciente informe de la consultora KPMG.
Colombia no es ajena a ese auge. La tasa de crecimiento de las fintech ronda el 60 %, 20 puntos porcentuales más que la media regional, en tanto que el país se sitúa tercero en Latinoamérica, con mayor número de estas empresas (202 a marzo), luego de Brasil y México, según la firma Finnovista.
Se trata de firmas que utilizan las nuevas tecnologías para desarrollar todo tipo productos y servicios para el sector financiero y los usuarios de este.
Y si bien, algunos expertos dicen que el volumen de recursos para apoyar esos emprendimientos en el país aún es mínimo, hay sectores que advierten los riesgos que puede traer el acelerado crecimiento de este renglón si no se le presta atención, en especial, desde el punto de vista normativo.
Quienes critican ese boom temen, incluso, que en algún momento se puedan presentar problemas similares a los registrados con las puntocom a principios de siglo.
Pero, ¿para quienes están en este negocio? Si bien es cierto que hay una explosión de iniciativas, muchas de estas surgidas en garajes de casas, ávidas de recursos que apuesten por su futuro; las circunstancias de hoy son muy distintas a las de hace dos décadas.
Juan Carlos Arcila, presidente del Congreso Latinoamericano de Banca Digital, es de aquellos que admiten que sí hay un auge en el sector de las fintech, a donde están llegando cada vez más recursos, pero descarta que se pueda estar gestando una ‘burbuja’ en la medida en que hoy los fondos de inversión son más cautelosos al revisar los números, el negocio y la escalabilidad del mismo, para cubrirse cuando estas empresas salgan a bolsa.
“Las fintech también han aprendido del fracaso de experiencias anteriores, como el de las puntocom, y sus gestores están presentando modelos de negocio mucho más ajustados a la realidad, porque, o son competencia o trabajan de la mano de las entidades financieras y esto hace que sean muy cuidadosas con sus propuestas”, agrega.
En Latinoamérica, el número de estas iniciativas supera los 700, según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la firma Finnovista, en el que destacan que más del 60 % se crearon en los últimos tres años, lo que muestra el impulso que han tenido.
Expertos como Andrés Fontao, organizador del Finnosummit Bogotá 2018, evento que reúne cada año a emprendedores, entidades financieras e inversionistas, creen que, sin duda, se vive un auge de las fintech que está justificado por el tamaño de la oportunidad, porque son esas startups, “las que están solucionando problemas que actores tradicionales (bancos) no son capaces de manejar y acercan a la gente a muchos servicios financieros que antes no tenían”.
Dice, además, que la situación se está controlando en la medida que se trabaja de la mano con un sector (financiero) que está regulado. “Se están trayendo nuevos productos y servicios respetando el marco regulatorio existente, para evitar situaciones como las que se dieron a comienzos de siglo con las puntocom”.
En Colombia las fintech, como tal, no son reguladas. Pero el tema está en las agendas del Ministerio de Hacienda y la SuperFinanciera.
La mayoría de fintech que surgen busca que la población tenga mayor acceso a los servicios financieros. El informe del BID indica que de las 703 detectadas en la región, 25,6 % (180) ofrece alternativas de financiación (crédito), mientras que el 25,2 % (177) brinda soluciones de pagos.
Inversión cautelosa
Quienes se mueven en este negocio también son conscientes de que todo auge, por sostenible que sea, deja sus víctimas, por llamar de alguna manera a los emprendimientos que no logran una etapa de maduración o implementación.
Oriol Ros, director de Mercadeo de Latinia, firma especializada en tecnología financiera, dice que las fintech han pasado de ser competidoras de la banca (en sus inicios) a colaboradoras, porque se dieron cuenta de que no tienen el músculo ni la capacidad para hacerles contrapeso, se están reposicionando como aliadas y proveedoras de soluciones que las entidades tradicionales no han podido ofrecer. “Es obvio que habrá una oferta descomunal y que van a quedar muchas por el camino. Pero lo que sí es muy sano para el ecosistema tecnológico de un país es que haya este tipo de oferta”, puntualiza.
La banca en Colombia sabe de la importancia de aliados de este calibre, por eso les están apostando fuerte. David Bojanini, presidente del Grupo Sura, anunció unos 145 millones de dólares para invertir en estas tecnologías; la inversión del Scotiabank-Colpatria es de $40 millones, en tanto no son pocos los recursos que el Grupo Aval, Davivienda, Bancolombia y el BBVA, entre otros, destinarán al mismo rubro.
Vanessa Meyer, vicepresidente de Innovación de Visa, sostiene que trabajan con diferentes modelos de colaboración dependiendo de la madurez de la iniciativa.
“Creemos que el futuro de la innovación está basado en la colaboración y es en este sentido que apoyamos a todo tipo de compañías, incluyendo fintech y startup. Nos interesa descubrir nuevos emprendimientos y encontrar sinergias para construir de manera conjunta nuevas soluciones de pago”, sostiene.
‘Fondos privados mantendrán su apuesta’
Según el informe ‘Pulse of Fintech’, de KPMG, la inversión promedio en capital semilla en las fintech en el mundo el año pasado fue de 1,5 millones de dólares, 500.000 dólares más que en 2016.
Según analistas consultados, cada vez hay mayor interés de la banca y los fondos de inversión por estos emprendimientos en el mundo, incluidas las innovaciones ‘criollas’.
Juan Carlos Arcila dice que es claro que los fondos de inversión seguirán apostándole a las fintech y que esa apuesta económica irá en ascenso, pero con prudencia y selección adecuada de qué fintech es la que están financiando; y seguramente será en las más competitivas y las que generen modelos de negocio acordes a la realidad de los mercados.
En Visa, según Vanessa Meyer, privilegian aspectos como el enfoque direccionado a generar negocios con impacto social que permitan una transformación cultural. “Valoramos que las soluciones aporten a mejorar temas reales y cotidianos para el consumidor que, a su vez, aceleren la digitalización. La inclusión financiera en nuestro contexto es muy relevante y necesaria”, asegura.
Fuente: El Tiempo