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La inversión sostenible, una gigantesca oportunidad para América Latina

Por Julián Costábile

n la última década, hemos visto una revolución en el campo de las Finanzas Sostenibles. En 2010, la discusión estaba limitada a un nicho de pequeños jugadores, muy valiosos por su liderazgo, pero de un alcance limitado, como eran los bancos sociales o verdes como Triodos o GLS, y algunos fondos de impacto, iniciativas generalmente lideradas por organizaciones que venían del campo social o ambiental y que querían trasladar sus principios a las finanzas.

América Latina era una parte importante del destino de esos fondos. Perú, Colombia, Ecuador y otros países clave en los portafolios sociales por el desarrollo de las microfinanzas en ellos, mientras que en Centro América veíamos mucho desarrollo de inversiones verdes en sectores como ecoturismo y conservación. Fondos como Responsability, Oikocredit y Acumen tenían presencia en la región y parte de su equipo hablaba español.

En la última década, los actores centrales de las finanzas incorporaron herramientas para desarrollar el financiamiento con propósitos sociales y ambientales, y el volumen del mercado despegó. El tema pasó de nicho a mainstream gracias a dos actores fundamentales y a un set de herramientas que lo permitieron.

Por un lado, los mercados de valores. El desarrollo de bonos temáticos les permitió a los emisores de títulos de deuda etiquetar sus emisiones según el propósito de las mismas. Organizaciones como CBI[1] e ICMA[2], entre otras, han desarrollado estándares para que este tipo de instrumentos despegue. ONU está también trabajando en sus estándares de bonos alineados a los ODS y los reguladores locales van generando sus propias guías en línea con los modelos globales.

En nuestra región hay un desarrollo de emisiones de bonos sostenibles, con un crecimiento más fuerte en volumen que en cantidad de emisiones, con presencia de los gobiernos soberanos y los grandes actores corporativos de cada país, superando 80 % de las emisiones en el periodo.

Por otro lado, los Bancos Comerciales son los financiadores de la mayoría de los proyectos de las empresas. Por ello, son un factor clave y lo han comenzado a entender. Ya no están mirando el tema solo los bancos sociales o verdes, sino que los bancos generalistas quieren también tener sus líneas verdes, de género, inclusivas o sociales, y pueden hacerlo con mucha velocidad si se comprometen con el tema.

El sector asumió un compromiso, mediante la implementación de guías y reformas, hacia un sistema financiero de triple impacto. Esto implica que los bancos evalúen e informen sobre los riesgos sociales y ambientales involucrados en sus operaciones de crédito y establezcan incentivos de mercado para que se otorguen préstamos a proyectos ecológicos y con impacto social.

El país pionero en este tipo de iniciativas fue Brasil, seguido por Colombia y México.

Podemos decir entonces que estos dos drivers de las Finanzas Sostenibles están presentes en la región y creciendo. Sin embargo, esta vez parecemos no estar tan a la delantera como en la década anterior. Las razones pueden ser muchas, pero me enfocaría en tres:

1. A la hora de pensar los temas a financiar, se miró lo hecho en los países centrales, donde el principal destino de los bonos verdes son las energías renovables. En nuestra región el tema también es importante, pero tenemos otros con igual o más potencial: ecoturismo, uso del agua, tecnología de producción más limpia, cuidado de suelos y saneamiento, por ejemplo.

2. Poco foco en aspectos sociales. Hubo mucha atención en la agenda verde, dejando de lado los aspectos sociales. Temas como el apoyo a cooperativas de pequeños productores, recuperación de zonas afectadas por conflictos o desastres naturales, pymes lideradas por mujeres, vivienda, las microfinanzas y otros sectores de la economía social, sin duda son una enorme oportunidad para canalizar fondos sostenibles.

3. Otro factor es la existencia de procesos y costos relativamente altos para nuestra escala. Estas emisiones requieren elaborar un marco, unos informes y una revisión externa. Es un trabajo importante y debe realizarse con apoyo de profesionales expertos en cada uno de estos temas (en que los contadores que nos especializamos en esto tenemos mucho por realizar). No obstante, debe considerarse que las emisiones en nuestra región no pueden tener el volumen que alcanzan las que se realizan en Europa o Estados Unidos y solo algunas empresas y bancos latinoamericanos pueden contar con volúmenes que amorticen costos fijos relativamente altos.

Debemos trabajar en optimizar esos procesos con capacitación y preparación de profesionales y firmas locales, apuntando a generar economías de escala. Necesitamos que una mediana empresa de Colombia, Argentina o Ecuador vea que es posible emitir un bono o etiquetar un préstamo de este tipo, que no es inaccesible ni en sus requisitos ni en sus costos.

Tenemos oportunidades y desafíos enormes y seremos nosotros, las y los profesionales latinoamericanos, los que deberemos tomar el liderazgo en el tema y sumarnos a esta revolución que necesita que esta parte del mundo tenga un rol protagónico para un planeta sostenible.


Julián Costábile
Director asociado de SMS Sustentabilidad

[1] Climate Bond Initiative. https://www.climatebonds.net/
[2] International Capital Market Association. https://www.icmagroup.org/

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