El Instituto Nacional de Contadores Públicos – INCP sostuvo un diálogo especial con Manuel Arias, director global de Relacionamiento y Experiencia de los Miembros de la Federación Internacional de Contadores (IFAC, por sus siglas en inglés) e integrante del equipo ejecutivo de liderazgo de esta organización. Para el Instituto, esta entrevista tiene un significado especial. Manuel es amigo de la casa, hizo parte del INCP, conoce de cerca a la profesión contable colombiana y hoy lleva su experiencia y vocación de servicio a un escenario global, desde donde lidera el relacionamiento de IFAC con las organizaciones profesionales de contabilidad (PAO, por sus siglas en inglés), firmas, reguladores, ministerios, autoridades de supervisión, organismos multilaterales y otros actores clave en América del Norte, Europa, África y América Latina. En esta conversación, Manuel nos compartió su perspectiva sobre los desafíos que hoy enfrenta la profesión contable: anticipar los cambios, fortalecer el liderazgo de sus PAO, atraer nuevo talento, responder a la transformación tecnológica y mantener la confianza pública como eje de su actuación.
Una de sus reflexiones centrales es que las PAO no pueden seguir reaccionando únicamente a los cambios regulatorios, tecnológicos o del mercado. Por el contrario, están llamadas a anticipar tendencias, construir relaciones de confianza con sus grupos de interés, fortalecer sus capacidades institucionales e influir de manera estratégica en las conversaciones que definen el futuro de la profesión contable.
La entrevista también proporciona una reflexión muy oportuna para Colombia. En medio de las discusiones sobre la modernización del ejercicio profesional que se adelantan en el país, Manuel destaca la importancia de fortalecer la formación profesional, avanzar en esquemas de certificación y desarrollo profesional continuo, robustecer las instituciones de gobernanza de la profesión y proyectar a los contadores públicos colombianos en el escenario internacional. Su mensaje de fondo es contundente: el gran reto de la profesión contable en estos momentos es fortalecer su capacidad para anticipar y liderar con visión los cambios, actuar con sentido de interés público y seguir siendo una fuente de confianza para los mercados, las instituciones y la sociedad.
Lea la entrevista completa a continuación:
- Tu rol en IFAC te permite interactuar con PAO de todo el mundo, cada una con realidades muy distintas. ¿Qué tan complejo ha sido articular los grandes propósitos globales de la profesión con realidades locales tan diversas, y qué te ha enseñado ese proceso?
Tenemos la fortuna de formar parte de una profesión verdaderamente global, presente y relevante en prácticamente todas las jurisdicciones. Esa diversidad—de países, culturas, idiomas, marcos regulatorios y formas de hacer negocios—refleja también la riqueza y complejidad de la profesión.
Articular los grandes objetivos globales con realidades locales tan distintas no es sencillo. Requiere escuchar mucho, entender el contexto y evitar la tentación de pensar que una misma solución funciona para todos. En IFAC partimos de un principio muy claro: los estándares internacionales y las prioridades globales son fundamentales, pero su implementación debe ser realista y relevante para cada jurisdicción.
Esto es especialmente importante porque las PAO se encuentran en diferentes etapas de desarrollo. Algunas son instituciones muy consolidadas, con una fuerte capacidad técnica e influencia pública; otros están todavía fortaleciendo su gobernanza, su relación con reguladores o su capacidad para apoyar a sus miembros. Por eso, nuestro relacionamiento debe ser flexible: en algunos casos IFAC acompaña y facilita; en otros, conecta, amplifica o crea espacios para que los propios miembros lideren.
Lo que este proceso me ha enseñado es que la consistencia global no significa uniformidad rígida. Significa mantener principios comunes —calidad, ética, interés público, comparabilidad y confianza— mientras reconocemos que los caminos para llegar allí pueden ser distintos. Esa es una de las grandes responsabilidades de una organización internacional como IFAC: ayudar a preservar la coherencia global sin perder sensibilidad local.
En el contexto actual, marcado por tensiones geopolíticas, fragmentación regulatoria y mayor regionalización, esto adquiere todavía más importancia. Mientras los países pueden enfrentar diferencias políticas o económicas, la profesión contable sigue siendo un espacio de conexión. Los estándares internacionales, la ética profesional y la confianza en la información financiera y no financiera son esenciales para que los mercados funcionen y para que los inversionistas, gobiernos y ciudadanos puedan tomar mejores decisiones.
Finalmente, hay un componente humano que valoro profundamente. He tenido el privilegio de interactuar con líderes de la profesión en todo el mundo, y más allá de las diferencias culturales o institucionales, encuentro una convicción común: servir al interés público, elevar la calidad de la profesión y contribuir al desarrollo económico y social. Esa red de liderazgo global es una de las mayores fortalezas de nuestra profesión y una razón para mirar el futuro con optimismo.
- Desde tu experiencia, ¿qué distingue a las PAO que logran influir estratégicamente en su entorno —e incluso en la agenda global— de aquellas que solo se limitan a reaccionar a cambios regulatorios?
La diferencia comienza con la claridad de la propuesta de valor. Las PAO que logran influir estratégicamente tienen muy claro para quién crean valor, cómo lo hacen y qué rol quieren jugar dentro de su ecosistema.
A veces existe la percepción de que la influencia depende principalmente del tamaño del mercado, de la membresía obligatoria o de la historia institucional. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que eso no siempre es así. Algunas de las PAO más influyentes del mundo no necesariamente tienen membresía obligatoria, y muchas han logrado proyectarse globalmente porque han construido una propuesta de valor clara, creíble y relevante.
Lo que realmente las distingue es una combinación de factores:
- Claridad estratégica: saben cuáles son sus prioridades, qué temas deben liderar y dónde pueden generar mayor impacto.
- Orientación a stakeholders: entienden que su relevancia no depende solo de servir a sus miembros, sino también de construir relaciones de confianza con reguladores, gobiernos, empresas, academia, inversionistas y otros actores del ecosistema.
- Capacidad de ejecución: traducen su estrategia en programas, posiciones públicas, alianzas y resultados concretos.
- Profesionalización interna: cuentan con equipos técnicos sólidos, procesos eficientes y liderazgo ejecutivo capaz de sostener la estrategia en el tiempo.
- Gobernanza robusta: integran distintas perspectivas y toman decisiones con visión de largo plazo, no únicamente respondiendo a presiones inmediatas.
Un punto que considero especialmente importante es la profesionalización. Las PAO más influyentes operan con una mentalidad moderna: entienden su entorno, gestionan recursos, miden impacto, comunican con claridad y actúan con disciplina institucional. No dependen únicamente del voluntariado o del prestigio histórico; construyen capacidades reales para incidir.
En síntesis, las PAO que influyen no son simplemente las que reaccionan mejor ante los cambios regulatorios. Son las que anticipan, se posicionan y ejecutan con intención. Entienden que su rol no es solo adaptarse al entorno, sino ayudar a moldearlo en beneficio de la profesión, de los mercados y del interés público.
- ¿Qué conversaciones estructurales deberían estar liderando hoy las PAO en sus jurisdicciones?
Desde IFAC estamos impulsando una agenda global que creemos que las PAO deberían liderar activamente en sus jurisdicciones. No se trata solo de reaccionar a cambios regulatorios o tecnológicos, sino de conducir conversaciones que definirán el futuro de la profesión y su contribución al interés público.
Destacaría tres conversaciones estructurales.
La primera es la atracción y retención de talento. Estamos observando una tendencia preocupante en múltiples jurisdicciones: menos estudiantes eligen la profesión, mientras aumentan las jubilaciones y la competencia con otras carreras. Sin embargo, nuestros estudios recientes muestran algo interesante: entre quienes ya están en la profesión existe una fuerte satisfacción y una clara valoración de lo que la carrera ofrece. El desafío principal está en la percepción de quienes todavía no han ingresado.
Desde mi perspectiva, la profesión no tiene un problema de relevancia, sino de narrativa. La nueva generación no pregunta solamente si la contaduría ofrece estabilidad; pregunta si tiene propósito, si incorpora tecnología, si abre oportunidades globales y si permite generar impacto. Si logramos posicionar la profesión como parte esencial de la infraestructura de confianza de las economías modernas —impulsando sostenibilidad, habilitando el uso responsable de la inteligencia artificial y fortaleciendo la transparencia de los mercados—, entonces la profesión no solo seguirá siendo relevante, sino también aspiracional.
La segunda conversación es la transformación tecnológica y la inteligencia artificial. Existe una narrativa simplista según la cual la tecnología reemplazará al contador, pero esa no es la historia completa. La tecnología está cambiando la forma en que se genera, procesa y analiza la información; sin embargo, el rol del contador sigue siendo asegurar su calidad, integridad, interpretación y utilidad para la toma de decisiones.
En un mundo con más datos, más automatización y más complejidad, el juicio profesional se vuelve aún más importante. Los riesgos existen —sesgos algorítmicos, ciberseguridad, uso inadecuado de herramientas, adopción desigual—, pero son principalmente desafíos de gobernanza, ética y confianza. La oportunidad también es enorme: analítica avanzada, auditoría continua, mejores herramientas para las pequeñas y medianas firmas (SMP, por sus siglas en inglés), y decisiones empresariales más informadas. El principio clave es que la tecnología debe complementar el juicio profesional, no sustituirlo.
La tercera conversación es la sostenibilidad y el reporte corporativo ampliado. Aunque en algunas jurisdicciones se observen pausas o ajustes regulatorios, la demanda por información de sostenibilidad de alta calidad sigue creciendo. Los inversionistas, las empresas, los reguladores y la sociedad necesitan información confiable para evaluar riesgos, resiliencia y creación de valor a largo plazo.
Esto posiciona a la profesión en un rol central. No solo en la preparación de información, sino también en su aseguramiento, en la gobernanza de los datos y en la construcción de confianza. Las PAO deben ayudar a sus jurisdicciones a entender que la sostenibilidad no es únicamente una agenda de cumplimiento; es una conversación sobre competitividad, acceso a capital, transparencia y futuro económico.
En síntesis, las PAO deberían liderar conversaciones que conecten la profesión con los grandes desafíos de nuestras economías: talento, tecnología y sostenibilidad. Si logran hacerlo con visión, evidencia y sentido de interés público, no solo fortalecerán la profesión, sino también su relevancia ante gobiernos, mercados y la sociedad.
- Responde en pocas palabras:
- ¿Un riesgo emergente que no podemos ignorar?
Fragmentación normativa global. - ¿Una palabra que hable del futuro de la profesión contable?
Propósito. - ¿El mayor reto hoy para las PAO?
Anticipar y liderar el cambio. - ¿Una cualidad indispensable que deben tener los líderes de las PAO?
Compromiso con el interés público. - ¿Un tema que debería estar en la agenda de todas las PAO del mundo?
Atracción y retención de talento. - ¿Un mensaje que la profesión contable debería comunicar mejor?
Su narrativa y valor.
- En Colombia actualmente existe una iniciativa orientada a reformar el marco regulatorio del ejercicio profesional de los contadores públicos. Desde una perspectiva global, ¿qué elementos estructurales deberían priorizarse para asegurar que esta reforma no solo modernice la profesión, sino que la proyecte estratégicamente hacia el futuro?
Esta es una discusión que Colombia ha tenido pendiente por muchos años. Incluso desde mi experiencia previa en el INCP, ya era un tema prioritario. La realidad es que el marco regulatorio del ejercicio profesional no ha evolucionado al mismo ritmo que las mejores prácticas internacionales, y eso hoy representa una oportunidad importante de modernización.
Desde una perspectiva global, destacaría tres elementos estructurales.
El primero es la educación, certificación y desarrollo profesional continuo. Colombia presenta brechas importantes frente a las Normas Internacionales de Educación, particularmente por la ausencia de un examen único de ingreso a la profesión y de un sistema obligatorio y robusto de educación continua. Estos elementos son fundamentales para asegurar calidad, consistencia y confianza pública.
Hoy existe una alta variabilidad en la formación de los contadores públicos, en parte por las diferencias entre programas universitarios y por la dificultad de actualizar oportunamente las mallas curriculares frente a los cambios de la profesión. En un entorno marcado por sostenibilidad, tecnología, inteligencia artificial, aseguramiento y nuevas expectativas del mercado, no basta con una habilitación profesional inicial. Se requiere un modelo que garantice que las competencias se mantengan actualizadas durante toda la vida profesional.
A nivel global, la profesión ha evolucionado hacia esquemas más claros de especialización y certificación. En muchas jurisdicciones se diferencian con mayor precisión los roles de preparadores de información, auditores, aseguradores, expertos en sostenibilidad, sector público u otros campos especializados. Estas rutas suelen estar respaldadas por exámenes, certificaciones, experiencia práctica supervisada y educación continua obligatoria. Esto no solo fortalece la calidad profesional, sino que también ofrece mayor claridad al mercado sobre las competencias de cada profesional.
El segundo elemento es el fortalecimiento institucional y regulatorio. Colombia tiene una oportunidad importante de robustecer sus entidades clave, incluyendo la Junta Central de Contadores y el Consejo Técnico de la Contaduría Pública. Para que una reforma sea efectiva, estas instituciones deben contar con capacidades técnicas, recursos, independencia, legitimidad y presencia suficiente para ejercer su rol de manera moderna y comparable con buenas prácticas internacionales.
También es importante revisar la fragmentación regulatoria. En Colombia, muchas empresas y profesionales interactúan con múltiples supervisores, lo que puede generar duplicidades, costos elevados de cumplimiento y falta de coherencia. Varios países han avanzado hacia modelos más coordinados o integrados, que permiten mayor consistencia regulatoria, mejor supervisión y mayor claridad para los actores del mercado.
El tercer elemento es la proyección internacional de la profesión colombiana. Una reforma no debería mirar únicamente hacia adentro. Debe preguntarse cómo posicionar mejor a los contadores públicos colombianos en el entorno global. Hoy muchos países y PAO están avanzando en acuerdos de reconocimiento mutuo, movilidad profesional, certificaciones internacionales y esquemas de comparabilidad de competencias. Colombia tiene una oportunidad clara de preparar mejor a sus profesionales para participar en ese escenario.
En síntesis, esta reforma no debería entenderse solo como una actualización normativa. Es una decisión estratégica sobre la calidad, la confianza y el futuro de la profesión contable en Colombia. Si se priorizan educación, certificación, desarrollo continuo, fortalecimiento institucional y proyección internacional, Colombia puede avanzar hacia un modelo más moderno, más confiable y mejor conectado con la profesión global.
Redacción INCP

