El auditor interno ante los desaciertos de la administración

El auditor interno ante los desaciertos de la administración

El presente artículo tiene la finalidad de resaltar la importancia que implica el adecuado y estricto cumplimiento de las normas y el código de ética del auditor interno, con el fin de evitar que, ya sea por falta de profesionalismo o solo por pretender conservar nuestro trabajo, adulemos y digamos únicamente lo que la alta administración quiere oír; nos callamos, aplaudimos y dejamos de ser objetivos, por lo cual, en ocasiones, sin darnos cuenta, formamos parte o nos coludimos con la administración ante las malas decisiones adoptadas por ella, que conllevan a resultados no favorables.

El alcance de la auditoría interna, implica el diagnóstico, revisión, análisis, estudio y evaluación de todas las operaciones y programas que la administración emprende, diseña e implanta para dar cumplimiento lo más puntual posible a las cuatro etapas básicas del proceso administrativo: la planeación, la organización, la dirección y el control, lo cual aunque no representa una garantía para el cumplimiento exitoso de los objetivos y metas que se pretenden alcanzar, constituyen la mejor guía para lograrlos con un alto grado de asertividad y sin sobresaltos.

Los objetivos propuestos a cumplir no pueden fijarse solo por el sentido común y de manera estrictamente económica, pretendiendo alcanzar ciertos niveles de utilidades muy prometedores con grandes deseos o cuestión sentimental. La empresa, para lograr sus objetivos propuestos, tiene que contemplar e implementar una adecuada y documentada planeación estratégica que, partiendo de un serio análisis de su situación actual, en cuanto a sus fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas, pueda detectarlas, aprovechar y encauzar esas fortalezas y oportunidades y definir acciones concretas sobre la forma en que minimizará o combatirá sus debilidades y amenazas, de manera que le sirvan o se conviertan en oportunidades de mejora, para logros sobresalientes.

El auditor interno que, ante la falta de una adecuada y formal planeación y organización administrativa, se dedica a realizar pruebas de cumplimiento a controles genéricos e informalmente implantados sin contar con las políticas administrativas y procedimientos documentados o que no estén debidamente implantados y no los reporta de manera clara a la administración, haciendo el debido énfasis en que para lograr los objetivos se requiere definir las estrategias de una manera precisa para que la gente conozca lo que se espera de ellos y se pueda evaluar su cumplimiento, este auditor no está siendo objetivo ni profesional.

En la práctica profesional, he visto empresas que cuentan con el servicio de auditoría interna y carecen de elementos esenciales como los presupuestos, que cuando están debidamente elaborados de manera detallada, tanto en unidades como en importes, representan la cuantificación de la planeación, representando el elemento esencial para dar seguimiento al cumplimiento de los objetivos trazados. En estos casos, al auditor interno como principal asistente de la alta dirección o de los dueños, le corresponde convencer, insistir y dejar claro a la administración que es vital contar con esta herramienta de control para monitorear de manera apropiada y puntual los avances, y adoptar con oportunidad las decisiones de manera que se dirijan al cumplimiento de los objetivos.

Establecer e implantar un sistema de control interno representa un costo, siendo parte de nuestro trabajo como auditores internos justificar con la administración la importancia de incurrir en dicho costo, demostrando que es más barato que las ineficiencias que se generan cuando se decide no implantarlo; asimismo, es importante recordar a la administración que su principal arma para el cumplimiento eficiente, eficaz y económico de los objetivos es el control, por lo que definir e implantar un sistema de control interno se vuelve su responsabilidad apremiante.

Si analizamos a las empresas exitosas de hoy, son empresas que cumplen con el proceso administrativo de manera rutinaria y están en constante detección y actualización de sus riesgos y la forma de combatirlos y minimizarlos. El auditor interno de hoy, tiene que ser el que ayude, detecte, investigue, consense, reporte e informe a los niveles apropiados de la administración, las acciones o decisiones que se interpongan en el cumplimiento exitoso de los objetivos, y promueva las decisiones que de manera proactiva y oportuna contribuyan al logro asertivo y sobresaliente de los objetivos y metas, cumpliendo así con las normas para el ejercicio y práctica de la auditoría interna y el código de ética.

Tenemos que ser promotores de la oportuna y eficiente organización administrativa, para que se cumplan de manera eficaz, económica y trasparentemente los objetivos empresariales propuestos; con ese fin debemos ser francos e informar con oportunidad, de modo claro y directo los desaciertos en las decisiones tomadas por la administración. No hay empresas modelo ni ideales, hay que definir el rumbo con objetividad para dar pasos seguros que disminuyan la factibilidad de fracasar, pues el factor riesgo siempre está presente, por eso se requiere profesionalismo para detectarlo e informar las causas y consecuencias, así como consensar las acciones correctivas a tomar, para que contribuyan al valor agregado que se espera del trabajo del auditor interno.

No es diciendo los aciertos como nos ganamos nuestro prestigio, sino reportando de manera crítica y constructiva las fallas, para lo cual tenemos que ser objetivos, claros, concisos, precisos, oportunos y constructivos.

 Fuente: Revista Contaduría Pública del Instituto Mexicano de Contadores Públicos  – Por Carlos Alberto Pereira Palomo